Ruégame con el deseo que habita en el quejido.
Ruégame con el lamento prisionero de mis labios, pídeme que me despoje de mis instintos primarios.
Me puede tu osadía, me hierve en mis arterias tantas locuras, un torrencial de lujuriosas ganas.
Ruégame la lluvia que habita en mí ser.
Ruégame el deseo lascivo que se esconde dentro de mí y habrá recompensa.
La Maru.
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